17 junio

Autonomía alimentaria

Adquirir autonomía alimentaria puede ser uno de los objetivos principales, en vista de lo disparados que están los precios últimamente. Pero no se trata de adquirir, necesariamente, un cien por cien de autonomía. Con tan sólo un 5% logrado realizaríamos un ahorro monetario del 5%. Nada mal para empezar. Los porcentajes no harían sino aumentar conforme ganásemos experiencia.

Para los que viven en ciudad, dentro de un piso que a lo mejor ni siquiera posee balcón, ¿está vedado este objetivo? ¿Acaso no existen «autónomos alimentarios» urbanos? La respuesta es que algunos se aproximan al 100% de autonomía.

Yo me considero uno de esos aspirantes, y he cometido algunos errores, fáciles en el fondo de evitar, que podrían servir de aviso para navegantes.

Helos aquí:

  1. Con los brotes se pueden reemplazar las ensaladas del supermercado. El fallo estuvo en que escogí una tierra que facilitó la proliferación de mosquitos y otros insectos incordiantes. A fin de evitarla: tierra esterilizada de bolsa y espray de hechura casera (un litro de agua, 1 c de lavavajillas y c.m. de vinagre) sobre las plantas afectadas.
  2. Plantas que sirven de especias: orégano, tomillo, perejil, romero… Comprar mejor las semillas y esperar a que se cumpla el proceso de desarrollo. Esto nos ahorraría el riesgo de sufrir un ataque de pulgones.
  3. Realización casera de yogures, quesos (a partir de semillas) y croquetas de garbanzos. Cuidado con la aparición de hongos durante el secado. Se puede utilizar un deshidratador para suprimir este riesgo. La ventilación ha de ser idónea. Yo aconsejo que reciban los alimentos el sol directamente, si éste no es demasiado fuerte, pues podría matar a los benéficos lactobacilos, responsables de la fermentación.

Opino que estoy logrando un 40% de autonomía. El agua, por supuesto, la filtro yo mismo. Mejor aún si es destilada con una máquina especial para ello.

28 mayo

Leches vegetales multicolores

La leche es cara, su consumo, no obstante, es amplio entre las familias. Esto se debe, seguramente, a la adicción que provocan los péptidos opiáceos, contenidos en la proteína de este producto tan popular.

La versión vegana, es decir, las leches vegetales (¡cuánto molesta esta apelación a los industriales del sector!), a base de semillas activadas, resulta también un producto bastante caro de adquirir, sobre todo si nos fijamos en los cartones dispuestos en los estantes de los supermercados.

Para la preparación de leches caseras se utiliza 1/5 de semillas activadas (girasol, arroz integral, cebada, almendras) por cada litro de agua. Una vez trituradas en la licuadora se procede al ordeño: introducimos la mezcla dentro de un pañuelo grande o de una tela tipo gasa y con las manos vamos estrujando, de manera que el líquido se deposita en un recipiente ya previsto.

Podemos añadir al licuado un tallo de apio, o un trozo de col lombarda, o una zanahoria pequeña. Este detalle aporta colores diferentes a la leche, de un tono pastel, así como un gusto sutil y refinado. Por no hablar de las excelentes propiedades nutricionales.

Os dejo una de mis recetas preferidas.

LECHE DE ALPISTE Y CÁÑAMO:

Granos para activar (24 H en remojo): 3 C de alpiste, 2 C de arroz integral, 2 C de cáñamo. Desechar siempre el agua del remojo.

1 tallo de apio, o bien un trocito de col lombarda, especialmente de las hojas exteriores, esas que suelen presentar una capa grisácea (la bacteria responsable de la fermentación en el chucrut). Un litro de agua.

Licuar bien y filtrar / ordeñar con paciencia, amor y dedicación.

Me he acostumbrado a consumir dos tazones diarios de leche fresca y pura. Uno por la mañana y otro por la noche.

11 mayo

Resuelto el misterio de la crema de cacao

Cuando compramos crema de cacao (nocilla, nutella), llama enseguida la atención la untuosidad envidiable de este paté dulce. Se parece a la mayonesa, pero condensada. Esta semejanza es indicio claro de un punto en común: la abundancia de aceites para su elaboración. La materia grasa constituye, en efecto, la base del mejunje, al cual añaden saborizantes (cacao, polvo de avellanas o de almendras) y endulzantes (azúcar).

Esta fórmula es difícilmente accesible en los hogares; muy pocas personas saben elaborar un tarro de «nocilla» de hechura casera.

En Internet aparecen diferentes propuestas, más o menos exitosas, y más o menos aceptables desde el punto de vista de la salud.

Hoy os propongo una fórmula basada en la mantequilla de cacahuete. Por supuesto, existen variantes: reemplazarlos por almendras, nueces o avellanas.

Vamos allá con la receta:

300 g de cacahuetes crudos, puestos en remojo durante 8 h.

Deshidratarlos durante otras 12 h, de manera que queden bien secos.

Triturarlos hasta obtener una pasta granulosa, parecida al queso rallado. Si la máquina es potente hará mantequilla; si no, tendremos que conformarnos con la versión granulada, no llega a convertirse en pasta.

En paralelo:

3 dátiles, un pedacito de piel deshidratada de naranja, dos rodajas de plátano o de manzana deshidratadas, todo ello en remojo durante 8 h.

Una vez pasado este tiempo, batir bien y mezclar a mano con los cacahuetes granulados.

Si la máquina tiene suficiente potencia (mínimo, 1000 w) podrá batir todo junto y hacer una estupenda crema, de textura similar a la de la nocilla.

Si, por el contrario, hemos realizado la mezcla a mano, añadimos al final una buena cucharada de cacao en polvo o de chicoria (sabor entonces parecido al helado de café).

El resultado es en ambos casos excelente. Se puede utilizar esta crema para espesar compotas u otros condimentos dulces que nos habían quedado demasiado líquidos. Como saborizante también es muy eficaz. Basta con añadir una cucharadita de esta mantequilla tan especial para transformar el sabor de cualquier plato, antes insulso.

Nota: Conviene no abusar de los cacahuetes, incluso crudos y germinados, pues pueden provocar problemas intestinales. Lo mismo sucede con otras legumbres, como los garbanzos.